MEDITACIONES – Sed espiritualmente puros

Meditación sobre el fragmento del mensaje de 2 de mayo de 2016 “… Sed espiritualmente puros …”

Autor: Antonio Martín de las Mulas

 

Mensaje del 2 de mayo de 2016

“Hijos míos, mi Corazón materno desea vuestra sincera conversión y fe firme para que podáis transmitir el amor y la paz a todos aquellos que os rodean. Pero, hijos míos, no lo olvidéis: cada uno de vosotros es un mundo único ante el Padre Celestial; por eso, permitid que la obra incesante del Espíritu Santo actúe en vosotros. Sed, hijos míos, espiritualmente puros. En la espiritualidad está la belleza: todo lo que es espiritual está vivo y es muy hermoso. No olvidéis que en la Eucaristía, que es el corazón de la fe, mi Hijo está siempre con vosotros, viene a vosotros y parte el pan con vosotros porque, hijos míos, Él ha muerto por vosotros, ha resucitado y viene nuevamente. Estas palabras mías vosotros las conocéis porque son la verdad y la verdad no cambia; solo que muchos hijos míos la han olvidado. Hijos míos, mis palabras no son ni antiguas ni nuevas, son eternas. Por eso os invito, hijos míos, a mirar bien los signos de los tiempos, a recoger las cruces despedazadas y a ser apóstoles de la Revelación. ¡Os doy las gracias!”

— 1 —

Según San Pablo el hombre es cuerpo, alma y espíritu (1 Tes 5:23). Esta triple constitución del hombre es un reflejo de las tres personas divinas que son un solo Dios, pues, no en vano, Dios hizo el hombre a su imagen y semejanza. Y, en consecuencia, la triple constitución del hombre es un reflejo de la Trinidad de Dios.

— 2 —

El episodio de la anunciación tiene que ver con la pureza del espíritu. Sólo un corazón puro e inmaculado como el de María puede ser fecundado por el Espíritu Santo. Sólo un corazón como el corazón de María puede acoger al espíritu de Cristo. Por lo tanto purificar nuestro corazón es tanto como hacerse, -con la gracia de Dios-, un corazón como el de María que cumple y acepta en todo momento la voluntad de Dios.

— 3 —

Para purificar el corazón y eliminar la impureza, es necesario exorcizar el corazón, consagrarnos al corazón de María y al corazón de Jesús. La purificación es fruto de la oración, del ayuno y de la perseverancia. Una vez que el corazón se purifica el espíritu de Cristo desciende sobre nuestro corazón, se produce el matrimonio espiritual y como dice la carta de los Galatas 4:6, el espíritu clama “Abba”, que significa Padre. Mediante el matrimonio espiritual el espíritu de Cristo y nuestro espíritu forman un sólo espíritu.

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