MEDITACIONES – cruces despedazadas

Meditación sobre el fragmento del mensaje del 2 de mayo de 2016 “… cruces despedazadas …”

Autor: Antonio Martín de las Mulas

 

Mensaje del 2 de mayo de 2016

“Hijos míos, mi Corazón materno desea vuestra sincera conversión y fe firme para que podáis transmitir el amor y la paz a todos aquellos que os rodean. Pero, hijos míos, no lo olvidéis: cada uno de vosotros es un mundo único ante el Padre Celestial; por eso, permitid que la obra incesante del Espíritu Santo actúe en vosotros. Sed, hijos míos, espiritualmente puros. En la espiritualidad está la belleza: todo lo que es espiritual está vivo y es muy hermoso. No olvidéis que en la Eucaristía, que es el corazón de la fe, mi Hijo está siempre con vosotros, viene a vosotros y parte el pan con vosotros porque, hijos míos, Él ha muerto por vosotros, ha resucitado y viene nuevamente. Estas palabras mías vosotros las conocéis porque son la verdad y la verdad no cambia; solo que muchos hijos míos la han olvidado. Hijos míos, mis palabras no son ni antiguas ni nuevas, son eternas. Por eso os invito, hijos míos, a mirar bien los signos de los tiempos, a recoger las cruces despedazadas y a ser apóstoles de la Revelación. ¡Os doy las gracias!”

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¿Que son las cruces despedazadas?. Según el catecismo de la Iglesia Católica la Cruz del Señor es el altar de la

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nueva alianza (Catecismo, 1.182 y Hb 13:10). La cruz es el altar que utiliza el Señor para ejercer su sacerdocio.
Dentro de este contexto las “cruces despedazadas” se refiere a los fieles que no quieren ejercer el sacerdocio. Los que no quieren ejercer su sacerdocio, los que renuncian a su condición de sacerdotes despedazan el altar que deben utilizar para ejercerlo. En este sentido despedazar es tanto como renunciar al sacerdocio.

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Según el catecismo la iglesia entera es un pueblo sacerdotal. Por el bautismo todos los fieles participan en el sacerdocio de Cristo. (Catecismo 1.591)

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Ahora bien, ¿qué significa ejercer el sacerdocio?. Ejercer nuestro sacerdocio significa participar del sacerdocio de Cristo. Y más concretamente, orar, ayunar, hacer obras de misericordia, leer las escrituras, meditar, hacer vida sacramental, ofrecimientos de obras, visitar el santísimo, adoración eucarística, amar la cruz…

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La Cruz es por tanto el lugar donde cada día colocamos nuestras muñecas y aceptamos con amor y docilidad los clavos que la vida nos va clavando: enfermedades, muertes de seres queridos, problemas matrimoniales, dificultades económicas, discusiones, pleitos, tormentos, tristezas, calumnias, adicciones etc…
Nuestra vida puesta encima de la cruz, o lo que es lo mismo, encima del altar del sacrificio, se convierte en una misa a través de la cual unimos nuestras miserias a Cristo y elevamos a nuestro Padre celestial un sacrificio de buen aroma.

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Recoger las cruces despedazadas significa retomar nuestro sacerdocio y ayudar a que los demás retomen su sacerdocio.

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